Mamadera de 70

Hace un tiempo hablaba con Mateo sobre su reciente experiencia de haber sido padre. Él y Daniela, hace cuatro meses tuvieron una beba divina que se llama Isabella. Mateo siempre cuenta anécdotas muy divertidas sobre estos temas “bebísticos”, que van más allá del tema común de cambiar pañales, los llantos y las horas de sueño perdidas.

Quizás no sea objetivo y esté algo sensible por haber vivido el embarazo y el nacimiento de Isabella tan de cerca, pero aunque sea algo largo, vale la pena leerlo, se los recomiendo. Gracias primo! 😉

Hablando con mi primazo con respecto a esto de haber sido papá me dijo:

Por que no escribís algo sobre esto y lo publicamos en el blog?

Debo reconocer que su invitación me llenó de honra y orgullo porque soy un gran fanático de su blog 😉

Hace 4 mese fui papá de Isabella. Al día de hoy todavía me cuesta creer lo que me está pasando y no logro dimensionar el amor que siento por mi hija y mi mujer, responsable del otro 50% de esto tan increíble. Quizás por eso que me demore casi 120 días en terminar esto para publicarlo. Quizás quería estar seguro de no sentir nuevas emociones y así de esa forma contar todo sin omitir nada, pero ya me convencí que esto de ser papá es una sensación nueva cada día.

En este momento estoy en mi cama, con una copa de vino en mi mano, viendo a mi hija dormir en el pecho de mi mujer. Después la luz del velador de la mesita de noche se refleja en los pocos pelos castaños de mi hija. Aún no desaparecen de su frente y sus parpados algunos lunarcitos de sangre o manchas de nacimiento como le llaman en Panamá.
La cicatriz de la operación que sufrió a las pocas horas de vida le han jugado una pequeña mala pasada pero nada tan grave como para arrancarle esa carita de ángel que pone cuando duerme.

No quiero ponerme aburrido por que le prometí al Monito hacer un escrito reflexivo y, aunque no soy escritor, me voy a limitar a contar lo que me pasó.

Con una mano en el corazón, nunca supe cuándo ni cómo iba a decidirme por tener un hijo. Siempre había una excusa a mano para no pensar en eso. Porque éramos jóvenes, porque teníamos que pensar en nuestro casamiento, porque queríamos viajar, porque los planetas no estaban alineados… siempre había algo. La verdad es que me aterraba pensar en la responsabilidad de tener un hijo.

Es choto pensar que tuve que destruir una camioneta en la ruta para que se acaben las excusas y poder darle rienda suelta al resto de mi vida. Después del accidente que tuvimos en junio de 2009 volviendo de la playa entendí que esperar a “estar listos” es simplemente perder la posibilidad de disfrutarlo antes. Uno debe entender que en cualquier momento las cosas pueden cambiar imprevistamente y podés perder la chance de vivir algo tan glorioso como esto. No más excusas! Para nada. Y si tuviera que destruir hoy una BMW X6 (que no tengo, obvio) para dar otro paso como este en mi vida, la destruiría y con gusto. Que joder…

No sé qué puedo decirles. Con Daniela pasamos un embarazo increíble. El primer mes que nos lanzamos a agrandar nuestra familia, Dios y la vida nos bendijeron con este embarazo. Si no me equivoco, fueron las primeras lágrimas de todas las que solté cuando la tirita de la prueba, marcó un embarazo indudable. En realidad cuando la primera prueba indicó embarazo pensé: “Esto anda mal, mejor me cambio y voy a comprar otra a la farmacia”. Eso hice. Me cambié, fui a la farmacia, compré otra y a probar otra vez. Positivo contundente. Ahí sí, [casi] me convencí y solté las primeras lágrimas abrazando a Daniela en el baño.

“Y ahora que hago?”

Siempre supe que el día que me enterara que iba a ser papá iba a pensar eso. Y lo pensé nomás… por suerte ya estaba advertido. Al día siguiente fuimos al obstetra y desde ese momento la conocimos, aún sin saber todavía que sería mujer. Más allá de no saber si era Isabella o Benjamín vi que estaba ahí adentro, que era una realidad y que mi vida iba a cambiar por siempre. Creo que fue ahí que tuve mi primer acercamiento con la realidad y me hice la primer propuesta importante de esta etapa: “Voy a vivir cada paso de este embarazo como si fuera el único”. Y eso que solo era un puntito blanco en una pantalla llena de imágenes difusas…

Trabajamos duro, pero también viajamos, planificamos, le hablamos a Isa en su “planeta útero”, le poníamos su música, le hacíamos masajes y, por supuesto, sus ultrasonidos para “verla” crecer y formarse.

Leímos cada semana los boletines que gentilmente nos mandaban de Baby Express y aprendimos como pasó de ser del tamaño “chicharrón” a un tamaño “sandía”. Obviamente que en el medio fue uva, higo, durazno, zanahoria, plátano, berenjena, calabaza, melón y no sé cuántas frutas y verduras más.

Empezamos a tachar los días que faltaban mientras armábamos su cuarto. La discusión de los colores… beige y rosa. Luego la del diseño… paredes lisas o a franjas, si las franjas eran desde el techo o desde la mitad… y así con mil cosas! Siempre había soñado con armarle el cuarto a mi hijo y lo estaba haciendo. Fines de semana enteros midiendo juntos, lijando juntos, pintando juntos, agujereando juntos, calculando juntos, todo juntos. De lo más lindo que me pasó en la vida. En fin, todo eso hizo que los 9 meses sean súper cortos pero con una intensidad importante.

Sólo en un momento nos asustamos cuando Daniela amaneció con unas pequeñas pérdidas de sangre pero por suerte el Doc nos mandó al consultorio y nos confirmó que la beba estaba bien, que sólo debíamos hacer reposo el fin de semana por un “little polip”. Derrame de lágrimas, obvio. Fue un pequeño susto.

Todo esto paso tan rápido que ya llegue al parto. Jamás lo había imaginado de la manera que fue. Yo había pensado:
• Concepción: Rápida y fácil. Done!
• Gestación: Intensa y perfecta. Done!
• Parto: Natural, rápido, indoloro y vuelta a casita con la beba.

Wowww! No. Ni cerca. Pero como todo, tuvo su lado positivo. Conocí una mujer que no sabía que era mi esposa. Y qué lindo que fue conocer una persona nueva…

Mi mujer es un ser excepcional. Agradezco a la vida el habérmela puesto enfrente a pesar de las vueltas que dimos y que algunos de ustedes ya conocen. Siempre digo lo mismo. Si tuviera que volver a dar esas vueltas para volver a estar con Daniela las daría con gusto… y de rodillas!

Amanecimos el martes a las 5:30 en la madrugada cuando a Daniela se le cayó el tapón mucoso que le llaman. Ya habíamos pasado la semana 40 y el Doc le había hecho a Daniela un toque mágico en el consultorio para apurar a Isabella, que parecía estar muy cómoda en su mundo…

Empezaron las contracciones, que al momento eran indoloras, pero supe que la cuenta regresiva había comenzado, y con él, una nueva etapa. Relojeamos contracciones, dormimos un ratito y partí para la oficina sabiendo que pronto abandonaría todo incondicionalmente para recibir a mi hija. Ese día volví a casa a las 8pm, con todo listo para ponerme los guantes, la bata y ver su llegada en vivo y en directo. Desde las 6 pm, Daniela ya estaba con dolor y en el auricular del celular apareció el famoso “cuando sean cada 3 minutos o no de más del dolor, me llaman”. Eso pasó a las 2 de la mañana. Daniela estaba en un grito y el médico nos mandó para la clínica. La dilatación no fue lo suficiente por lo tuvo que seguir con las contracciones hasta las 7am. La eternidad debe ser un poroto al lado de lo que fue esa noche. Gracias Dios por ponerle un final.

Daniela tuvo 19 horas de trabajo de parto con dolor. Desde las 6 pm del martes hasta las 2 pm del miércoles. Yo estuve toda la noche al lado de ella, apretándole fuerte la mano cuando las contracciones venían, masajeándole la espalda para aliviar su dolor y prometiéndole que todo estaría bien. Sólo la oscuridad de ese hospital sabe cuántas lágrimas se me caían cada vez que las contracciones pasaban y Daniela cerraba sus ojos para retomar fuerzas para la próxima. Me costaba inmensamente ver el dolor que atravesaba mi mujer y yo no podía hacer nada para aliviárselo. Me pidió que le diera la mano y lo hice, me pidió que le hiciera masajes y se los hice, me pidió que respirara con ella como nos enseñaron el curso y lo hice, pero no podía hacer nada para que sufra un poquitín menos. Ella estaba haciendo ese esfuerzo por nuestra hija y por mí. Y yo estaba de manos atadas sin poder hacer nada. Sólo lloraba en la oscuridad del cuarto de labor y en silencio para que no se entere…

Una epidural fallida tampoco colaboró, una segunda epidural certera ayudó en la última hora cuando después de 3 o 4 pujos con alma y vida, el médico plantó bandera y confirmó lo que no queríamos escuchar. “La beba esta muy arriba, no va a bajar vamos a cesárea”.

El resto fue muy rápido. Un quirófano tradicional y un padre que ingresó medio tarde cuando Isabella dejaba su mundo para sumarse al nuestro. Sus primero llantos me reportaron alivio. Se sumaron los de Daniela y los míos. El llamado del pediatra para que me acerque a conocerla interrumpió ese momento en que la felicidad y la tensión están iguales. Él me pregunto: “Le hablaron durante el embarazo?”. Mi respuesta fue afirmativa, aunque todavía no sabía ni dónde estaba parado ni qué tenía que hacer. “Háblele así deja de llorar”. No había palabras del médico y su equipo que logren hacerla callar.

“Hola Isabella, mi amor. Soy yo, tu papá… ¿por qué llorás? si tu mama y yo estamos acá…”

Silencio sepulcral en el quirófano y ojos desorbitados buscando esa voz que ella ya conocía. Debo reconocer que cada vez que lo recuerdo se me pone la piel de gallina y se me hace un nudo en la garganta. Mi hija sabía que era yo el que le hablaba. Dejó de llorar y me buscaba con sus ojitos aún ciegos…

Yo le di la mano (mi dedo para ser mas precisos) y ella cerró su mano alrededor de mi dedo. En ese momento supe que iba a estar dispuesto a hacer lo que sea por mi hija.

Todavía arrugada, hinchada y confundida, había despertado en mí un orgullo y un amor que se acrecentó cada uno de estos días que pasamos juntos.

La misma historia pasó cuando fui a ver a Daniela mientras el obstetra terminaba la cirugía. La beba se puso a llorar pero calló automáticamente cuando el pediatra la acercó a la mesa de operaciones y escuchó “Hola mi amor… te estábamos esperando”

La pusieron al lado de la cabeza de Daniela. Yo estaba con ella y le brotaron esas palabras. Isabella reconoció a su mamá y revoleó los ojos buscándola. En ese momento nos sacamos nuestra primera foto los 3 juntos, la que vieron al principio.

Así viví el nacimiento. Sin desperdiciar nada, sin perderme detalle, sin perder un minuto al lado de mi mujer y de mi hija desde el 14 de Abril a la 1:43pm de Panamá, que salió para darse a conocer.

Todo estaba listo para comenzar con la siguiente etapa del proceso. Ir a casa, empezar a ser padres y conocernos con nuestra hija. Establecer ese vínculo que nos unirá de por vida. Pero las cosas no estaban planeadas así.

Cuando yo nací hace alguito mas de 30 años me operaron con cuatro semanas de vida por hipertrofia piloral. Hoy sólo me queda una cicatriz, pero fue el primer indicio que mi hija se iba a parecer a mí. Estadísticamente 1 de cada 250 hijos primerizos de pilóricos como yo, heredan este asunto. De cada 4 que nacen, 1 es mujer. Conclusión: mi hija tenía una chance en mil de sacar una hipertrofia pilórica. Fuera de radar completamente. 1/1000. A mí no me va a pasar. Pero sí, pasó. El jueves Isa vomitó feo… aunque no le di demasiada importancia. ¿Alguien conoce algún bebé que no vomite? El viernes, misma historia. Y el médico sugirió ponerla en observación con algo de suero y leche de fórmula liviana. Pasó la noche con éxito por lo que el médico indicó su alta para el sábado al medio día.

Orgulloso el padre llegó con todo lo que necesitaría para salir del hospital, pero los planes de tata Dios eran otros… Uf, qué feo se sintió! El sábado, a media mañana, la beba volvió a vomitar bastante, lo que derivó en un llamado a su pediatra. En el acto, el médico se hizo presente y sugirió, debido a mis antecedentes, hacer un ultra sonido para eliminar cualquier tipo de fantasmas e irnos tranquilos a casa. Allá se fue la beba con el séquito de enfermeras, no sin antes despedirse de la mamá y el papá. Con toda la paciencia del mundo le explicamos que le iban a hacer un pequeño estudio para descartar la “fallita”, le prometimos que no le iba a doler y que pronto estaría con nosotros, todos listos para irnos a casa.

Hora y media después, el doctor volvió a nuestra habitación con la noticia. El estudio había dado positivo. Isa era hipertrófica pilórica. Y doble! porque no sólo su píloro estaba cerrado en exceso sino que además era mas largo de lo habitual. Esto complicaba más el paso de la comida hacia los intestinos, que es lo que causaba los vómitos.

Cómo explicarles todo el mundo de sentimientos que se te vienen a la cabeza cuando le dan una noticia así. Lo primero que yo pensé fue: “Esto se lo pase yo y tengo que hacerme cargo…”. Por más que el mundo me giraba a mil por horas y no sabía ni qué pensar ni qué hacer, me armé de valor y mientras mi mujer daba rienda suelta a las primeras (de pocas, por suerte) lágrimas, lo miré al médico y le dije: “y entonces???”. Ese entonces era un “Por favor dígame para qué lado corro…”.

Se había interpuesto algo en nuestro plan pero me había prometido vivir todo esto con intensidad. En este caso, intensidad significaba valentía, amor, fortaleza, apoyar a mi mujer, etc. Mi mujer y yo tomamos fuerzas y escuchamos lo que el médico tenia para explicarnos.

“Es una cirugía sencilla, de dos horas como máximo. Hay que ser respetuosos por que es una cirugía con anestesia general, de las que nadie quiere, y extrayendo el píloro de la panza de la beba para arreglarlo y después volver a introducirlo, pero de todas las cirugías, es de las más sencillas”.

Acto seguido, nos explicó que había llamado a una cirujana pediátrica y su equipo, al anestesiólogo, que había reservado quirófano, y que había cursado pre-autorización al seguro medico. Nos habló de la doctora y su equipo. A nosotros nos daba lo mismo que nos hablara de esa doctora o Paturuzú. Todos para nosotros eran desconocidos, lejos de nuestro país, nuestra familia, nuestros amigos y por sobre todas las cosas, completamente inesperado.

Isa ya estaba en cuidados intermedios. La estaban entubando, poniendo sus catéteres y demás. Nos autorizaron a verla antes de ir a quirófano, teníamos que explicarle lo que le iban a hacer y pedirle que confiara en los médicos y en nosotros.

Cuando la cirujana se hizo presente y nos explicó todo lo que le iban a hacer, nos transmitió toda la confianza del mundo y nos extendió una hoja donde nosotros autorizábamos la operación de nuestra hija. Daniela seguía muy angustiada por toda la información recibida con respecto a nuestra hija y su “fallita”… y considerando que la operación era parte de la herencia paterna, estiré mi mano, agarré la hoja, la pluma, apoyé en la mesa y con una mente totalmente en blanco firmé donde decía “Persona responsable”. Hoy por hoy creo que ese blanco que yo vi cuando firme, fue claramente las canas de Tata Dios o la nube donde estaba sentado porque juro que lo hice totalmente confiado, pero sumido en una ignorancia y una angustia que no puedo explicar.

Me sentía atado de pies y manos. No creí jamás que el estudio diera positivo y no supe qué hacer. Si ir a otro medico, averiguar, irnos a Argentina, entregarme, llevármela, no sé… juro que no sabía lo que estaba haciendo pero había hecho todas las preguntas que tenía y me habían respondido todo hasta el cansancio. Sólo quedaba ir para adelante.

Cuando se la llevaron al quirófano me di cuenta de lo que había hecho. Había tomado la primera decisión importante con respecto a mi hija en su vida.

Bajamos a la capilla del hospital con Daniela. Nos agarramos de las manos y yo empecé: “Señor, sé que estoy lejos de ser tu mejor discípulo y que sólo recurro a vos cuando tengo necesidades…”. Qué huevos los míos, pero el Barba siempre me ayuda. A las dos horas nos llamaron del quirófano para decirnos que la operación había terminado, que estaban esperando que la beba despierte, pero que todo había salido bien… y obviamente más lágrimas. Era parte de vivir este proceso con intensidad, no?

Al rato subió al doctora y nos confirmó lo que nos habían dicho por teléfono. Además, dijo que ella no tenía duda alguna que el problema de la beba era ese y, adicionalmente, había espiado en la medida de lo posible la vesícula, los riñones y el hígado y todo era normal.

Esa noche, mientras llegaban nuestros amigos, esperábamos que la beba regrese de quirófano para verla. Estábamos pendientes a todos los carritos que pasaban por el pasillo rumbo a la nursery para ver cuando venía nuestra hija. Cuando llegó hubiera deseado que hubiera sido cualquier otra. Cualquier otra que no tuviera tubos por la nariz, por el pie y por las manos. Cualquier otra que no tuviera un apósito en su pancita grande como una carta de póker. Cualquier otra que se hubiera podido venir a casa esa noche con nosotros y no una que se tuviera que quedar en cuidados intensivos hasta el lunes.

Qué fortaleza hizo falta para abandonar el hospital esa noche sin la beba. Volver a casa con el cochecito vacío, su ropita y las expectativas, pero gracias a Dios nuestra hija estaba bien. Había llegado (por lo que supimos después de boca de panameños) a las mejores manos médicas de Panamá. Estaba en el mejor hospital de Panamá y fuera de peligro. Obviamente había que agradecer, así que nos sentamos en la cama, nos agarramos de las manos y entre lágrimas dijimos “Gracias Dios por iluminarnos tanto en este momento”.

El resto de la etapa fue mejor, visitas el domingo a la mañana, domingo a la tarde y posterior alta el lunes al medio día, con un número interminable de explicaciones sobre la alimentación, el cuidado de la herida, próximas visitas al medico, etc. Pero el lunes a la tarde, ya estábamos todos en casa listos para la siguiente etapa, que es la actual.

Hoy, en esta etapa de conocernos, aprendí a cambiar mis CDs de INXS y U2 por música para niños. Aprendí que cuando dicen mi amor en la casa ya no siempre es para mí. Que las carreras de TC se cambian por Baby TV. Aprendí que no saber la letra de una canción infantil no es excusa para parar, sino que es la oportunidad de inventar una nueva (o que mi hija se ponga a llorar). Me di cuenta que probablemente no me despierte por un millón de ruidos, pero que mi hija puede hacer un gemido débil por una pesadilla y que en el acto estoy a su lado para ayudarla. Pero fundamentalmente me di cuenta que la mujer que está a mi lado es una caja de sorpresas que nunca termino de conocer. La fui conociendo en cada etapa de nuestra relación y no ha dejado de sorprenderme, y ahora, en estas últimas semanas conocí a la Daniela mamá…

¿Qué quieren que les diga? Cuando Daniela canta, podría dormir hasta a King Kong enfurecido… su paciencia es infinita, su preocupación en su justa medida y su cariño para Isabella es innato. Sus días son interminables pero su buen humor también. Y es increíble, como yo, después de todo el día de la oficina, muchas veces cansado y de muy mal humor, llego a mi casa, veo a mi mujer y a mi hija y en el acto, todo se transforma. Es ver que ya somos un 50% más, cómo la responsabilidad más grande que tengo en esta vida no me estresa sino que me causa alegría y felicidad. Es agarrar el cuaderno, ver cuanto durmió, cuanto comió, si hizo popó o no, etc.

Cómo un hijo enseña a poner las cosas en su justa medida…

Por supuesto que todo el tiempo libre que me queda del presente, lo dedico a imaginar el futuro. Las siguientes etapas. No sé cuáles serán ni como serán. Sólo sé que si son como hasta ahora, las quiero. Las acepto. Estoy dispuesto a todo por la felicidad de mi hija y mi mujer. Nadie que se ponga delante arruinará esto. Pasaré por encima de la montaña más alta para vivir cada etapa al máximo.

Ya planté un árbol, tuve una hija maravillosa y empiezo por escribir esto, que quizás sea el inicio de un libro. Lo escribo con el corazón en la mano y lo comparto con ustedes. Algunos que no conozco y otros que sí, agradeciendo de antemano al primo Juan Cruz por cederme un espacio en su blog para llegar a todos lados.

Yo, mientras tanto, sigo preparando mamaderas cada 4 o 5 horas, que ya hoy no son de 70cc, sino de 180cc. Sigo idolatrando a mi mujer como la persona que me regaló lo mas maravilloso del mundo, respetando a todos los médicos y enfermeras que cuidaron de mi hija, agradeciendo a mi suegra y mi cuñada su visita a Panamá en un momento tan oportuno, al igual que a todos los integrantes de ambas familias y a los amigos por hacerse presente de una u otra manera en este momento tan increíble de nuestras vidas.

Sin temor alguno de ser soberbio, me animo a recomendarles vivir cada etapa con la máxima intensidad. Hoy la beba ya se sonríe como loca, tiene diálogos en su idioma y con ella misma (a pesar que la mamá se hace la que le entiende y le responde en español), se da vuelta para un lado y para el otro, patalea y nos empapa cuando la bañamos. Sostiene su cabecita, casi casi se queda sentada sola, ya tuvo su primer día de playa y mil otras cosas que puedo afirmar que he ido viviendo y vivo con un montón de intensidad.

Para todos aquellos que lo han vivido, estoy seguro que lo compartirán conmigo, y para los que aún no lo viven, no tengan miedo cuando llegue. Deténganse. Detengan todo para vivir este milagro tan increíble. Compártanlo con las personas elegidas y háganlo con orgullo, pues son artífices del milagro mas hermoso que pueda haber sobre la tierra.

Saludos para todos…
Mateo

Comments (16)

  1. He leído, llorado, reído, y vuelto a llorar! Dios, que intenso! Escribiría algo más si supiera qué decir…
    Mucha salud y bendiciones para Isabella, Daniela, y para ti.

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  3. Que lindo haberme levantrado esta mañana y leer una histria tan linda. No te conozco, pero la verdad…que increible lo que te esta pasando, te felicito a vos y a tu mujer, son una familia llena de amor! Exitos en todo lo que sigue!
    Besos para Juan y Chu! =)

  4. Oh, no hay palabras para describir este post, el sentimiento que tiene y lo que ha provocado, un hijo es una gran Bendicion, que Dios cuide y guarde esta familia!

  5. Como era de esperar llore, pero me contuve porque estoy en el trabajo, me daba mucha intriga porque nunca me lo habia dejado leer mientras lo redactaba!!
    Coincido con Mateo ser papas es lo mas hermoso del mundo! Sobretodo ahora que Isa ya duerme toda la noche!!
    Cada sonrisa que nos regala nos llena de amor, ni habalr cuando larga una carcajada, una experiencia mas que recomendable.
    Besos a los primos y a todos
    pd: A ver aca Isa me quiere decir algo…ok hija ahora lo escribo, mi bebu dice que quiere primitos!!!

  6. Excelente historia!
    Emocionante, y que describe muy bien el amor de padres, solo que a muchos les cuesta soltarlo.

    Me alegro que todo haya salido bien, sigan sorprendiéndose, y disfruten!

  7. MATEO Y DANY :todavia estoy llorando ,es hermoso lo que escribio Mateo ,cuanto amor,!!!!!!! ES CIERTO QUE LOS HIJOS DESPIERTAN SENSACIONES UNICAS ! Es un amor incondicional !!!Disfruten de esta nueva etapa de sus vida!! los quiero ! besitos a los tres … tia vivi

  8. La verdad no me importó que fuera extenso Mono, si hasta tuve oportunidad de imaginarlo en mi cabeza! Felicidades a los papás y muchas bendiciones para su nena 🙂

  9. Qué lindos comentarios, la verdad es que el relato se lo merece. A mí también me emocionó… no le presto el blog a cualquiera 😉

    Ahora, lo que falta es lograr que este muchacho Mateo se meta en Twitter… y lo lograré, tarde o temprano :mrgreen:

  10. Gracias a todos por sus comentarios. La verdad es que muchas veces encuentro en la escritura una forma de expresarme que no se me da de otra manera.
    Estas vez además me dio la posibilidad de compartirlo y eso me gusta mucho.
    Saludos.
    MM

  11. Que lindo relato!! Ayer escribimos un monton, se colgó la pc y aca estamos denuevo intentando… es muy lindo leer algo escrito con tanto amor e intensidad… los tres son increibles y es espectacular tenerlos como familia.
    Aca los estamos extrañando mucho y se siente la falta de Isa y sus sonrisas 🙂
    El psdrino no puede creer el avance tecnològico del papà ni su capacidad literaria! Parece q el primo hace milagros, ja
    Besos a Chu y JX y no vemos!

  12. Uff, soy Luli la hermana de Juan Cruz..
    Lloré, me emocioné mucho. Que lindo todo lo q escribiste Mateo, me quedé sin palabras… besos

  13. Hola a todos! Gracias Luli por tus palabras. En el mail anterior me quedaste por fuera del agradecimiento.
    Les cuento a todos que pronto se vienen “Mamadera de 180”. Me estan empezando a brotar cosas que quiero plasmar en algun papel…y que mejor que el blog del primo!

    Saludos…

  14. Mateo, no te conozco pero me emocioné con tu relato. Hermosas tus palabras, tu descripción de cada momento. Saludos desde Argentina para vos, tu mujer y tu dulce Isabella!

  15. Pingback: Soy papá!

  16. Mateo que historia tan maravillosa, gracias por compartirla con nosotros y he aprendido mucho de la mano a un valor sentimental grande.

    Me queda desearle mucha salud y bendiciones a tu hija y adelante!

    Un saludo,

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