RT Soy papá!

Habíamos logrado acostar a Tomás. Si tienes un hijo de casi 2 años y medio, y tu mujer está embarazada de más de 8 meses y medio, lograr acostarse temprano un sábado a la noche es el mejor plan que uno puede tener.
Chu venía amagando con contracciones leves desde hace algunas semanas. Estábamos comiendo pastas, cuando me dijo “creo que ahora sí” y empezamos a medir cada cuánto tiempo tenía contracciones. Cada 10 minutos, 9, 8… y llamamos a Ana y Raúl, grandes amigos que Panamá nos regaló, para que vinieran a casa y se quedaran con Tomate, mientras nosotros íbamos al hospital.
Se iba a llamar Catalina. Hace rato que le decíamos Cata, pero unas semanas atrás Chu había comenzado a dudar del nombre y no estaba definido.
Las contracciones cada vez eran más fuertes y seguidas, así que avisamos al médico y en cuanto llegaron, salimos para el hospital. A las 22 hs. llegamos. Dejé a Chu lo más cerca posible de la puerta de emergencias y fui a estacionar. Bajé el bolso que habíamos preparado con ropa para la beba, papeles y documentos para anotarla en el registro civil, algunas cosas para picar y un par de cosas más.
No tuvimos tiempo de hacer la admisión. En silla de ruedas la llevaron hacia la sala de labor de parto. En cuanto logró acostarse en la camilla, una enfermera dice “A ver, dígame cuando termine con la contracción que vamos a examinarla”. Cuando llegó nuestro médico, que no había podido ni siquiera probar el atún que habían preparado en su casa con amigos, la enfermera le dice:

“Doctor, está con 10 cm. de dilatación y ya puedo ver a la beba”.

Lo primero que dijo Chu al escuchar eso fue “quiero la epidural, quiero la epidural”, haciendo referencia a la exitosa poción mágica que hizo milagros en el parto de Tomate.

“Ya no podemos, está naciendo”, dijo el médico y se fue a cambiar. Yo fui detrás de él.

Ese momento es increíble. Es como prepararse para salir para la cancha. Es una mezcla de ansiedad, dudas, nervios y emoción. Todo junto y a niveles inexplicables. Me llamó la atención cuánto más disfruté esta vez de toda esa etapa previa, ya que la primera vez todo era desconocido.
Cuando llegué a la sala de partos, me senté al lado de Chu, le agarré la mano y le hablaba al oído, hasta que comenzó el trabajo.
Chu sufría mucho sin la anestesia y le costaba pujar. El médico le dijo “un pujo más y está afuera”. No había caso, fueron 4 o 5 intentos. Yo me desesperaba. Es una impotencia muy grande la que se sufre. No se puede hacer nada.
“No puedo, no puedo” gritaba a modo de súplica y se me aguaron los ojos. “No voy a poder”, insistía. Me quería morir. La orden fue clara:

“Ya está media cabeza fuera, ahora pujas o pujas”

Chu no quería que ni la toquen, estaba con calor, morada de la fuerza que hacía y no aceptaba que la enfermera ayude haciendo presión en la panza del dolor que sentía.
Pregunté “¿No se puede hacer algo?” pero no sé si me respondieron. Quizás sí me respondieron, pero nunca lo registré. Quizás no llegué a preguntarlo. No quería ser una molestia.
Sentí que los segundos eran días. Perdí la noción del tiempo. La tensión que sentía era inmensa.
De golpe, Chu hizo fuerza otra vez y salió la cabeza. El resto fue rapidísimo. Apoyaron a la beba en el pecho de Chu, de espaldas a su cara, porque todavía no habían cortado el cordón umbilical.
Seguía agarrado de la mano de Chu y bajé mi cabeza a la camilla, estaba demasiado mareado y me había bajado la presión. No sé cuánto tiempo pasó. Cuando ya estaba recuperado, el médico me dice “estás blanco” y me tomaron la presión. 90/60 me dijo. Enseguida pregunté:

“¿puedo buscar el teléfono para que nos tomen una foto?”

Cata & nosotros
Habiendo pasado dos días desde que nació y escribiendo esto en la misma cama en la que duermen las dos mujeres que casi me desmayan en ese momento, no dejo de asombrarme por toda la situación. Mi admiración eterna por Chu y los dos hijos que me regaló.
Fui a buscar a Tomás a casa el domingo temprano y cuando llegó saludó con un abrazo a su mamá y con mimitos a su hermanita. Se bajó de la cama y, como tiene fascinación con todo lo que tenga ruedas, intentó empujar la cama.

Chu: “Tommy, ¿qué estás haciendo?”
Tommy: “Empujo”
Chu: “¿Qué querés empujar?”
Tommy: “Cama, mamá y Cata”

Chu me miró y me dijo riéndose:

“Está bien, va a ser Cata parece”

Al rato vino el médico de Chu y lo primero que dijo fue “¿Quién gritó ‘la concha de tu madre’ ayer en el parto?”
“Yo no abrí la boca”, le respondí 😉

Comments (14)

  1. Que lindo darse cuenta que la gente que te rodea es maravillosa. Felicidades por la hermosa familia que tenés loco 🙂 Y sí… “La concha de tu madre” jamás pudo haber salido de tu boca jajaja 😛 Abrazos

  2. Juan, definitivamente esta historia que registrada en mi memoria junto a la del “policia muerto”. Mientras leia escuchaba tu voz hechandome el cuento, sufri junto a ti y puje con Chu! Dile a Chu que es mi idola oficial. Sin epidural!! Es, como se dice en buen panameño, una monstra!! En verdad sono como esos partos de pelicula! Un beso y abrazo para los cuatro. Que Dios los bendiga! 🙂

  3. Una vez mas tus relatos son espectaculares y super emocionantes.
    Que lindo seria estar alla para compartir este momento tan lindo.
    Les mando un abrazo enorme, gigante a los cuatro.

  4. ! Vicky y Jorge Ullfig!

    Felicidades Monos y Chu! Una nueva vida q segura se q lograran hacer de ellos grandes seres humanos! Siempre en nuestros pensamientos! Besos! Vicky y Jorge Ullfig!

  5. Marisol Gómez Saavedra

    Wow!!! Primero felicitaciones a ambos una vez más y cuánto coraje Chu!!! Hay que estar ahí y que te digan “ya no se puede” cuando estás con dolores…. Ufff fuerte!!
    Por otro lado, gracias por compartir tus experiencias y emociones con el pueblo!! Jeje, uno al leer siente que lo está viviendo ahí mismo!! Es genial la forma de redactar con la palabra indicada el sentimiento exacto que se vivió… Gracias!!
    Besos los cuatro y BIENVENIDA CATA!!!!

  6. Es increíble cada vez que leo tus historias luego del nacimiento de los enanos lloro!, que ñañeca me he puesto!
    Chivi y yo estamos más que felices de haber sido parte de esta historia!
    Los queremos millón!

  7. Es increíble cada vez que narras tu historia luego de cada nacimiento LLORO de emoción, que ñañeca a que me he vuelto,
    Chivi y yo estamos estamos felices de haber sido parte de su historia! bienvenida Princesa!!

  8. No vale! leer esta historia en horas de trabajo es un papelòn!, no paro de llorar! Gracias amor por hacer q tu relato me haya hecho viajar en el espacio y haber podido vivir cada segundo “al lado” de ustedes.
    Los quiero tanto, los extraño demasiado, pero saberlos felices y sanos compensa cualquier distancia.

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