Sistran Consultores

El primer trabajo es una de las cosas que te quedarán marcadas de por vida. En 1997, con 19 años recién cumplidos, a meses de haber terminado el colegio y ya cursando el primer año de la carrera Ingeniería en Sistemas de Información, entré a trabajar a Sistran Consultores., una compañía que desarrolla software para aseguradoras.

Ya había hecho dos pasantías de dos semanas en una aseguradora, donde conocí a gente de Sistran, y había colaborado con la profesora de computación de mi colegio casi durante un año y medio, ayudando a los estudiantes, revisando y corrigiendo trabajos prácticos. Ambas experiencias fueron remuneradas pero no sentía que tenía responsabilidades “serias” y, además, eran de menos de 4 horas al día.

Sistran fue mi primer trabajo en serio. Horarios, jefes, tareas, clientes, etc.
Me contrataron como programador. Quiero decirles que haber tenido la posibilidad de trabajar de algo relacionado a lo que estaba estudiando fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Algunas materias de la carrera se me hicieron mucho más fáciles, debido a que lo que me enseñaban lo vivía diariamente en la oficina.

Trabajar como programador fue algo que pensé que me iba a gustar. Me gusta programar cosas que me divirtieran y entretuvieran, pero el trabajo no siempre era así. De todas formas, siempre cumplía con mis responsabilidades e intentaba aprender todo lo que pudiera.

La primera oportunidad se me dio en 2001, año muy difícil para Argentina, motivando a muchísimos argentinos a probar suerte en otros mercados. Algunas de las personas que trabajaban en mi equipo se fueron a otros países a probar suerte. Unos meses después, Sistran ya había conseguido a las personas para poder reemplazarlos, pero había un tema: no conocían de la industria.

Siendo una compañía que trabaja casi exclusivamente para aseguradoras, es muy importante que sus empleados conozcan la industria a la perfección. Yo ya tenía más de 3 años y medio de experiencia, así que me ofrecieron ser analista funcional, cosa que acepté inmediatamente. ¿Qué significaba eso? Empecé a coordinar el trabajo de los programadores nuevos, explicándoles cómo debía funcionar el sistema y atendiendo las consultas y requerimientos de nuestros clientes.

Un par de años después, otra oportunidad se presentó. El equipo de marketing de aquel entonces también era nuevo y necesitaban a alguien que los acompañara a algunas reuniones comerciales. La mayoría de las veces el equipo de marketing se reunía con gerentes de sistemas y si hacían preguntas técnicas, no siempre los de marketing podían responder. Las reuniones salieron muy bien y ese apoyo a marketing comenzó a ser parte de mis responsabilidades. Aunque mi rol seguía siendo el de analista funcional, me había enamorado del marketing. Casi sin darme cuenta, sugería cambios en las presentaciones, hablaba en las reuniones ya sin esperar preguntas técnicas, le daba seguimiento al status de las propuestas, etc.

Ir a reuniones, conocer gente, demostrar mis conocimientos y generar negocio me divertía muchísimo.

En ese tiempo, ya a principios de 2004, surgió una oportunidad en el área de Marketing y decidí postularme sin dudarlo. Me sumaron a la terna que habían preseleccionado. Tuve que hacer una propuesta innovadora, di una presentación y escribí un ensayo de cómo debían enfocarse nuestros productos. Pero eligieron a otra persona. La decisión había sido lógica, ya que de todos los que querían la posición yo era el único que no había estudiado algo relacionado con la publicidad y el marketing, pero en ese momento no lo pude ver así, me dolió muchísimo y me desmotivé. Cada vez me costaba más ir a la oficina y buscar desafíos que me motivaran, así que en 2005 me fui.

En esos últimos dos años, participé de algunos proyectos regionales y viví 6 meses en Puerto Rico. Esta experiencia terminará siendo clave más adelante, pero extrañé mucho y me juré no hacerlo más, jeje! Qué historias tiene la vida.

Estuve 8 años en Sistran. 8 años en los cuales crecí muchísimo, me formé como profesional y aprendí a manejarme dentro del ambiente laboral. La decisión me costó horrores, dejé amigos y una oficina que era como mi casa. Pero tenía que hacerlo, quería seguir adelante.

Son muchísimas las personas que me acompañaron en esta etapa y a quienes recuerdo con muchísimo cariño. Eduardo, Santiago, Juanca, Gustavo, Mancha, Marcela, Connie, Sofi…
un fuerte abrazo para todos!!!

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