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Un poquito fuerte

Mediodía. 25 de diciembre de 2008. Ya pasaron más de 6 meses de aquel almuerzo.

Se respiraba un ambiente navideño, familiar y agradable. Yo estaba en la casa de los tíos de Chu, con ella, su madre, hermano, primos y mi hermana, que también había sido invitada, ya que mis padres se habían ido de vacaciones.

En un momento de la sobremesa, el tema de conversación pasó a ser, vaya uno a saber por qué, sobre las linternas, la oscuridad, la luz… y ahí, en ese preciso instante, mi neurona 48392 me insistió “contá el chiste de la luz, contá el chiste de la luz!”.

Sin dudarlo, interrumpí la conversación preguntando “ustedes saben que la luz se come, no?”. Claro, todos estaban sorprendidos y me miraron sin entender. El remate iba a ser genial, ya lo podía presentir.

Y seguí diciendo: “Sí, la luz se come. Un amigo me dijo que cuando era chico, escuchó a su papá en el cuarto de la mucama, decirle ‘apagá la luz que te la vas a comer toda’ “

El chiste es bueno. Evidentemente no estuvo bien elegido el tiempo y el espacio en el que fue contado. Quizás tampoco haya sido el target adecuado. Hubo un profundo silencio.

Algunos de los presentes estaban tratando de disimular la risa y los otros se miraban sorprendidos. La neurona responsable desapareció.  Mi hermana no lo podía creer, Chu tampoco y su tía, mirando para abajo y acomodándose la servilleta, comentó: “un poquito fuerte para un almuerzo de Navidad, no?”

Me va a costar olvidarme de esto, junto con sus consecuencias:

  • En ese almuerzo no hablé más
  • Mi neurona 48392 ya no es la encargada de elegir buenos momentos para los chistes
  • Nico, mi cuñado, durante tres meses respondía a cada una de mis frases con “un poquito fuerte, no?”
  • Chu durante todo el día me consolaba con un “igual te quieren”

Pero siempre se puede aprender algo…

Moraleja: No contar más chistes en Navidad!

Feliz Navidad

Aprovechando el fin de año y para recuperarme sin apuro de todos los excesos de Navidad, me tomé unas semanas de vacaciones. Tengo que trabajar un poco desde casa, pero el hecho de tener que despertarse al alba, tomar el tren y visitar el bendito microcentro, estoy feliz.
Tuve la ¿suerte? de ir de Beccar a La Lucila el 24 a las 23 hs y me impresionó que no haya NADIE en la calle. Me sentí protagonista de “El día después de mañana”, jaja!
Espero que hayan pasado una muy linda Navidad en familia. Saludos a todos!