Oscar, monos y otras vainas

La panga es una pequeña lancha a motor para pesca, típica del Caribe. Estábamos en una, en el medio del silencio del Canal de Panamá y lo único que se escuchaba era “Quieto! Carajo, quedate quieto!”. El que hablaba era Fernando y el receptor del mensaje era un oscar (nada que ver con los premios) que no paraba de moverse en el piso de la panga. El castigo fue una patada, que repitió luego con una sardina que no podía ensartar en el anzuelo, con la diferencia de que la sardina quedó pulverizada ante lo rústico del movimiento.
El tema del anzuelo con la primer sardina me costó. Acostumbrado a pescar bagres y bogas con lombrices, el tema de clavarle el anzuelo a la primer sardina a través de los ojos no voy a negar que me dio un poco de cosa, hasta que el mismo hombre casi neandertal me gritó “Hacete hombre, carajo!”. ¿Será que este personaje quedó mal por ir a pescar sin dormir?
Nos levantamos temprano y llegamos a Gamboa cuando estaba saliendo el sol. Ir de un lado al otro del canal cerca de esos tremendos Panamax con una lanchita pedorra fue increíble.
La pesca en sí no fue lo que podríamos llamar “exitosa”. El conductor de la panga no paraba de sacar peces y nuestro amigo Ronald le decía “oye Javier, esta esquina está mala, eh?” y por enésima vez le pedía mudarnos de sitio.
A la vuelta nos llevaron a que viéramos los monos. En el camino vimos cocodrilos y cuando llegamos dijimos “hey! un mono allá!”. Cuando nos acercamos vimos muchos más y uno bajó a ver qué traíamos para comer. Le dimos unos snacks que teníamos, agarró uno con cada mano y se fue para arriba. Este debía ser el que controla la calidad de lo que entregan los turistas porque avisó y bajaron todos. Se colgaban de las ramas con la cola y llegaban a sacarnos la comida de la mano. En ese momento fue genial ver cómo, al tener ocupadas las manos con un snack en cada una, se los ponían en la boca y te miraban con cara de “dale, man, ya tengo la mano libre, dame otro carajo!”.
Cuando volvíamos al muelle pregunté “no les caerán mal las papas, no?”. La respuesta fue instantánea “a lo sumo tendrán un poco de sed”, jaja!
Pufff… lo más difícil de escribir esto no fue recordar lo que hicimos tan temprano, sino escribir todo sin mencionar el nombre del panameño que nos llevó.

ronald

De todas formas, la pasamos genial.
Gracias Ronald!

3 Comments

  1. Cómo que le daban patadas a los pescados??????? CÓMO PUEDEN HABER SIDO TAN CRUELES!!!!!!!!!!Las sardinas estarían muertas, no??????La anécdota de los monos me encantó, pero la de los oscars… mmmmmmm no.Por qué no se podía mencionar el nombre de quién los llevó?Valió la pena el madrugón?

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