El juego de la silla

Para entender completamente este artículo, deberá utilizar la imagen a su derecha como fuente de consulta cada vez así lo considere necesario y siempre recordar que el autor mide 1,96 m. y no le entran las piernas en la mayoría de los asientos del avión. Tenés razón, tampoco en un Fiat 600.

Cuando viajo en avión, es fundamental que consiga algún asiento con espacio extra para las piernas. Por esa razón, siempre trato de hacer el web check-in en cuanto se habilita, 36 horas antes de la hora de partida. De esa forma, trato de reservar la primera fila de clase turista. Si están ocupados, la segunda salida de emergencia también es una buena opción (en la primera no se reclina), pero prefiero la fila 5, definitivamente.

En uno de los vuelos nocturnos de Panamá a Buenos Aires de 2008 me olvidé de hacer el web checkin y lo hice recién horas antes de ir al aeropuerto…

Resultado: Asiento 29E. La muerte! Última fila, sin poder reclinar el asiento… ni pasillo ni ventana… medio! 7 horitas??? ni loco… por eso fui temprano al aeropuerto para solicitar que me lo cambiaran cuando hiciera el check-in en el aeropuerto.

Después de insistir y que me dijeran en el counter que el vuelo estaba sobrevendido y que era imposible cambiar de asiento, pasé migraciones y me tiré encima del mostrador de Informes. Me ponía en puntas de pie para parecer un anormal deforme de 3,5 metros y explicarle que no entraba en ese asiento. Me costó un rato, pero logré que llegara un supervisor, pusiera la clave mágica y me cambiaran con un pasajero que todavía no había llegado al aeropuerto. Asiento 26C. Ahora tenía pasillo y asiento reclinable, algo es algo.

Una vez en la puerta de embarque, escuché a una pareja que estaba en asientos separados, él en la fila 7 y ella en la 21. “Si querés, te cambio la 7 por la 26, así por lo menos están más cerca y le pueden decir a alguien de cambiar una vez arriba del avión”. No funcionó, quizás fui demasiado agresivo, jaja! Pero al menos lo intenté.

Embarcamos. Ya resignado, mientras caminaba hacia el fondo del avión imaginaba la tortura infinita que serían las siguientes 7 hs de vuelo y me senté.

Una mujer colombiana se acercó con su hijo pequeño y me dijo “te puedo pedir un favor?”. Ya me imaginaba subiéndole la valija, pero no. “Yo tengo el 26B y mi hijo tiene el 5B… no podrías tomarlo tú así puedo viajar con él, por favor?”. No terminé de decirle que sí, que agarré mis cosas y encaré contramano por el pasillo hasta llegar a la felicidad total. Asiento 5B.

A mi izquierda, en la ventana, una chica de unos 30 años leía un libro y a mi derecha, sobre el pasillo, una señora mayor hablaba con conocidos que tenía del otro lado del pasillo, filas más atrás.

Llegó uno de los asistentes de a bordo y le pidió el boarding pass a las dos. “Señorita, le hicimos el upgrade, por favor venga conmigo”. Enseguida se dirigió a la señora diciéndole “su nuevo asiento es el 5A” y se fue con la señorita a la clase ejecutiva con la chica del libro.

Miro a la señora, ella me mira a mí y me dice “quieres ir tú al 5A? yo prefiero acá”. Todavía me pregunto si me habrá leído la desesperación en los ojos.

Asiento 5A. Fue el mejor vuelo de mi vida.

2 Comments

  1. Mono, me hiciste ccagar de risa. Tus anecdotas son grandiosas. Espero que te sigan sucediendo asi nos divertis jeje eso si simpre y cuando vos no la pases mal obvio. Abrazo Primo

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